Existen unos 82 millones de filipinos (“pinoy” arriba, “pinoy” abajo…), de los cuales unos 78 millones residen en el país (más de la mitad viven en el área de Lúzón, y algo más del 40% de estos están concentrados en las áreas metropolitanas). Son muchos filipinos para hacer un análisis psicológico de cada uno.
Manila es el capital de Filipinas (más concretamente Metro Manila). Aunque algunos patrióticos siguen insistiendo en que es Quezon City. No obstante, el centro económico y por tanto, barrio financiero es Makati.
Makati es el típico lugar que te deja boquiabierto. Un lugar que cambia diametralmente cualquier idea preconcebida que has podido tener de Filipinas. Lo digo por experiencia propia. Ya desde el avión y a punto de aterrizar en el Ninoy Aquino International Airport, no pude evitar mirar por la ventana del avión y dejarme sobrecoger por las impresionantes vistas de edificios altos de arquitectura vanguardista y el destello de las luces de las avenidas principales (EDSA, Ayala Avenue… etc.). Aquellos que dicen que Filipinas no es un país moderno, deberán callarse la boca…
Y caminar por la ciudad es toda una experiencia. Las tiendas pijas, restaurantes, hoteles (madre mía el Shangri-La Hotel… )… etc. Nada que envidiar a las otras ciudades como Hong Kong, o Tokio, o Singapur. De hecho, los chinos y japoneses de estas ciudades acostumbran a viajar a Manila para pasar el fin de semana y realizar sus compras de grandes marcas.
Por supuesto, todo estos cambios se han quedado impresos en las costumbres del cosmopólita filipino.
Este ser tan singular posee un nivel académico muy elevado. Ha estudiado en una de las escuelas de prestigio del país (como Ateneos, La Salle, University of the Philippines… etc.), con un Máster en alguna escuela de negocios del extranjero (en especial de EEUU). Su edad rondará los 25 – 35 años. Trabaja en alguna multinacional china, norteamericana o nacional. Conduce un coche japonés, aunque cada vez se ven más coches europeos. (Tan solo una nota aclaratoria: cualquier pinoy de ciudad que se precie “debe” tener un coche. Es su seña de identidad. Y una familia pudiente puede llegar a tener hasta media docena de coches… lo digo para todos aquellos que siempre se han preguntado y quejado sobre el tráfico insoportable de Manila. Ahora ya lo sabéis). Después de salir a trabajar puede dirigirse a su lujoso apartamento con vistas a la bahía de Manila, o a Laguna de Bay, donde se pasará como una hora en el gimnasio (todos los edificios de apartamento ofrecen uno gratis para sus inquilinos) o al spa para regalarse un masaje. O puede salir a tomarse unas copas con sus amigos o pareja en alguna de las centenares -y digo centenares- de cafeterías, restaurantes y garritos de moda que pueblan Glorieta o Greenbelt, ambos puntos claves en Makati. Al que le apetezca ir de compras (los filipinos adoran ir de compras), puede perderse -literalmente- por SM. Es la principal cadena de centros comerciales y ocio de Filipinas, algo así como El Corte Inglés, pero a lo bruto… Y por supuesto, no compra cualquier cosa. Siempre ha de ser lo último y “sassy” en todo… Las personas con mas recursos compran marcas internacionales como Benetton, Lacoste, Armani, Zara, Mango… etc. Mientras los demás compran marcas locales -y no por ello de peor calidad, como Bench o Merger, por ejemplo.
En cuanto al nivel cultural, habrá visitado un mínimo de tres ciudades asiáticas, sea por vacaciones, estudios o trabajo. Seguramente habrá ido a los EEUU. Pero lo que más sueña es visitar Europa, siendo España, junto a Francia uno de los destinos preferidos.
Por otra parte, ¿cómo es el típico pinoy de provincias?…
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